domingo, 17 de agosto de 2008

Estreno DVD: "Viaje a Darjeeling" (Wes Anderson, 2007)

El viaje a Darjeeling que nos propone Wes Anderson en esta su quinta película (sin contar los cortometrajes "Bottle Rocket" y "Hotel Chevalier", este último concebido como preludio precisamente al film que nos ocupa) va más allá de la simple parodia del viaje a la India en busca de la espiritualidad; quien busque en esta atípica comedia un humor de trazo grueso, chistes fáciles o mofa de los clichés hindúes habituales sin duda saldrá defraudado.

Porque esta película es una auténtica declaración de intenciones del director, una carta de amor a un país y a una forma de ver la vida que, sin duda, le fascina y de este modo lo refleja, con la ayuda de sus tres estupendos protagonistas (los habituales Jason Schwartzman y Owen Wilson y la novedad, el magnífico Adrien Brody) y del hijo de Francis Ford Coppola, Roman Coppola, quien tras su discreta "CQ" repite como guionista, productor y director de la segunda unidad.
Pero la película pertenece enteramente a Wes Anderson. Su sentido del humor sui generis, su particular visión estética, su permanente obsesión con las relaciones familiares, todos sus toques de estilo rebosan esta cinta exquisitamente rodada y cargada de simbolismo en casi cada escena.

Este viaje por la India de tres hermanos que buscan una solución a sus conflictos a través de la espiritualidad se convierte en una auténtica catarsis fílmica en la que gran parte de lo que aparece en pantalla tiene un doble significado, desde el hombre de negocios que intenta coger el tren y es superado por el personaje que interpreta Adrien Brody hasta el equipaje del padre (y su destino final, que no desvelaré), y lo que en principio parece una comedia al uso termina por revelarse como una magnífica metáfora de lo que ha de cambiar y lo que ha de permanecer para que la vida pueda continuar.

El estilo de rodar de Anderson es sobrio y elegante, lo que contrasta llamativamente con su estridente puesta en escena en la que cada plano se sobrecarga con multitud de detalles que, lejos de lo azaroso, siempre aportan significado al resto de lo que aparece en pantalla. Estéticamente, y al igual que en sus películas precedentes, el film es apabullante; La India constituye un escenario perfecto para que Anderson dé rienda suelta a su pasión naif y colorista, y como buen admirador de lo retro con criterio, el vestuario (Milena Canonero y Louis Vuitton), la excelente banda sonora a cargo principalmente de bandas sonoras de clásicos de Bollywood o la magnífica fotografía del habitual Robert Yeoman son auténticas señas de identidad fílmica de este "dandy del surrealismo".

Resulta difícil destacar alguna escena dentro del enorme surtido de planos secuencia perfectamente planificados, escenas hábilmente rodadas dentro del tren o espléndidos exteriores que nos regala la película, pero tal vez el paralelismo que se dibuja entre los dos funerales, la divertida pelea entre los tres hermanos dentro del tren o la definitiva catarsis en el templo en la que una escena simbólica en la que la cámara recorre un tren desevela muchos interrogantes (y que a su vez desemboca en otra divertida escena con los tres hermanos celebrando un ritual sobre una colina) sean buenos ejemplos de lo que Anderson nos ofrece en este singular y a su vez clásico acercamiento al cine "made in India". No por nada se nombra en los agradecimientos al gran James Ivory.




Nota: 8

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