Baste con observar atentamente los créditos iniciales de la nueva película de J.A. Bayona para comprobar dos datos de peso en lo que veremos a continuación: las palabras "verdadera historia" fijas durante unos segundos en la pantalla, y la participación de las empresas Mediaset España y Telecinco Cinema en la producción de la cinta. Es decir: el peso del reality, lo morboso, el ensañamiento con las escenas más crueles y un maniqueísmo digno de los más escabrosos "programas de actualidad" manchan lo que por otra parte hubiera sido un dignísimo ejemplo de "disaster movie" y que termina siendo una crónica detallada del sufrimiento rodado en primer plano, una colección de sádicas vueltas de tuerca en torno a una situación con la que la mayoría de los espectadores se sentirán identificados sin mayor problema.
Las virtudes puramente cinematográficas de la cinta finalizan apenas transcurridos 30 minutos de metraje, lo que abarcan las escenas de la llegada de la familia al supuesto paraíso y las espectaculares y magníficamente rodadas escenas del tsunami. A partir de ahí asistimos a un calvario que por momentos resulta difícil de soportar, rozando (y a veces traspasando) el límite de lo gore, cuando no del tedio o del ridículo. Sólo dos actores de la talla de Naomi Watts y Ewan Mc Gregor son capaces de mantener a flote la función; resulta trágico imaginar lo que en manos de otros actores (españoles) se hubiera convertido este reality de colosales proporciones que hace agua por todos lados menos por los apartados técnico e interpretativo.
Los impecables efectos especiales, la correctísima fotografía y las interpretaciones de los mencionados actores sirven de contrapeso a un guión plagado de tópicos que busca la lágrima fácil y si no lo consigue fuerza la vuelta de tuerca para lograrlo en la siguiente escena, a una banda sonora cursi y sobreutilizada, a una dirección efectista y a un acabado impersonal y excesivamente "à la mode" que no termina de convencer por mucho que sus promotores se empeñen en convencernos de que "España va bien", al menos en lo puramente cinematográfico.
Bien por la familia en cuya historia se basa la cinta (por motivos obvios), bien por los productores de la cinta que a base de publicidad machacona en todas las cadenas de la empresa han conseguido hacer de este un aunténtico blockbuster revientataquillas, bien por los fans de los realities que verán colmadas sus expectativas y su sed de morbo y telerealidad. Mal por los espectadores cinéfilos que esperaban encontrar en esta la reconciliación con el cine comercial español. Otra vez será.
Nota: 4
jueves, 25 de octubre de 2012
martes, 24 de mayo de 2011
Estreno: "Midnight in Paris" (Woody Allen, 2011)
Siendo esta la primera película de Woody Allen cuya fotografía ha sido tratada digitalmente en lugar de usar el tradicional método de la coloración fotoquímica, es probablemente una de las películas de su filmografía que más clasicismo rezuma por cada fotograma. La ya conocida y declarada querencia del director neoyorkino por la capital francesa desborda la pantalla en esta auténtica declaración de amor filmada desde el punto de vista no ya de un simple turista accidental, sino de un amante que cae rendido ante los encantos de la maravillosa ciudad y de la magia que esconden sus históricos rincones.Es esta vez Owen Wilson el elegido para interpretar al alter ego de Allen, papel en el que parece encajar a la perfección visto el resultado y conociendo de antemano la trayectoria vital de este atormentado actor con, al menos, un intento de suicidio a sus espaldas, y perfectamente arropado por esas dos bellezas y a la vez estupendas actrices que son Rachel McAdams y Marion Cotillard.
Pero la verdadera protagonista es París. El comienzo a base de preciosas postales de la ciudad nos prepara para asimilar el punto de vista de Wilson-Allen y desear aunque sea por 90 minutos retirarnos a vivir para siempre a esa ciudad. Más allá de la mera postal turística Allen plantea una historia sobre el valor y la sinceridad como requisitos para alcanzar la felicidad, verdadero tema de un film manejado con un entusiasmo y una energía que no parecen provenir de un director de 76 años.
El juego que propone Allen al situar la acción en diferentes épocas no es más que un homenaje a esa época en la que a Allen, sin duda, le hubiera gustado estar presente y que supuso el germen de las principales corrientes artísticas y culturales del siglo XX, cuando París era la auténtica capital del mundo. Las apariciones de Hemingway, Buñuel, Dalí, Man Ray, Belmonte, F. Scott Fizgerald, Cole Porter y demás son sin duda la fantasía materializada de un autor que no esconde sus influencias y que defiende la nostalgia como recurso contra la banalidad, chabacanería y superficialidad de la época que le ha tocado vivir.
Toques de ingenio en forma de memorables frases ("tú elevas a arte el concepto de groupie") o inesperados giros de guión, espléndidos planos secuencia, gran dirección de actores, perfecto trazo de sus personajes, respeto por sus influencias y absoluta libertad creativa se dan la mano de forma especialmente afortunada en este nuevo regalo en forma de película del genio de Nueva York.
Es "Midnight in Paris" a mi juicio, una de las mejores películas de la carrera del director neoyorkino, que puede mirar de frente y sin prejuicios a cualquiera de sus grandes obras ("Hannah y sus hermanas", "Annie Hall", "Manhattan", "Maridos y mujeres", "Match point"...) y que sin duda se erigirá durante años como la gran película sobre la maravillosa ciudad de París hecha en este siglo XXI.
Nota: 9
lunes, 14 de febrero de 2011
Estreno: "Valor de ley" (Joel y Ethan Coen, 2010)
El papel del marshall Rooster Cogburn, salido de la pluma del escritor Charles Portis, lleva dando de sí desde finales de los años 60 cuando la gran interpretación de John Wayne en el "Valor de Ley" de Henry Hathaway le proporcionó el único oscar de su carrera . El personaje sería retomado 6 años después en la postrera e inferior "El rifle y la biblia" repitiendo John Wayne esta vez junto a Katherine Hepburn, e incluso Warren Oates se pondría en la piel del héroe tuerto en una tardía revisión de "Valor de Ley" hecha para televisión en 1978.Más de 4 décadas después de la adaptación de Henry Hathaway, que con esta firmó su última gran obra, los hermanos Coen retoman la novela de Portis para ofrecer su personal visión de la historia, alejada del lirismo y la épica de la primera versión pero aportando su sello personal en la forma de diálogos imposibles, humor surrealista, personajes al límite, violencia explícita e impecable factura formal.
Precisamente el mayor handicap de esta notable versión reside en su falta de épica, su casi aséptico punto de vista sobre los acontecimientos, sacrificando emoción por precisión, vitalismo por pesimismo, lirismo por realismo, romanticismo por rigor estético y narrativo.
Sin embargo los Coen se muestran una vez más como unos maestros de la dirección de actores, capaces de extraer de cada intérprete las antípodas de sus registros habituales (véase a George Clooney, Brad Pitt o el propio Jeff Bridges en sus anteriores colaboraciones), a la vez que unos consumados autores capaces de alejar un western de las huellas del cine de género y hacerlo parecer más "una película de los Coen" que una del oeste al uso.
Es, precisamente, esta capacidad de los Coen para extraer lo que quieren exactamente de un actor lo que, unido al talento sobrenatural de Jeff Bridges, posiblemente el mejor actor de su generación, nos regala una de las mejores actuaciones del año, esa revisión de Rooster Cogburn que no tiene nada que envidiar a la caracterización que el gran John Wayne hizo en su momento.
En breves pero intensos papeles tenemos a dos estupendos actores en extraños papeles, Josh Brolin como un redneck con una forma de hablar irreconocible y un caracterizadísimo y solvente Barry Pepper en el papel de un ambiguo villano, ambos protagonistas de un tramo final de la película en el que los Coen rompen con el tono austero de la cinta para permitirse una pequeña concesión a la épica y la emotividad que a pesar de resultar algo discordante con lo visto hasta el momento no deja de ser agradecido.
Un Matt Damon, cada vez mejor actor, y especialmente la niña Hailee Steinfeld, también dejan notar la mano de los hermanos Coen como excelentes directores de actores: Hailee Steinfeld se muestra segura, desacomplejada, no desentonando en las réplicas a gigantes como Bridges, Damon o Brolin y consiguiendo transmitir la dureza, templanza y determinación que el personaje de Mattie Ross necesita.
El sobresaliente apartado técnico y artístico, abundantemente nominado en las correspondientes categorías de los oscar de este año, contribuye a plasmar el sello de autor de los hermanos Coen quienes apoyados principalemente en la sobria fotografía de Roger Deakins y la estupenda música de Carter Burwell, colaboradores habituales a lo largo de casi toda su filmografía, dibujan un retrato de los últimos años del salvaje oeste con trazo fino y minucioso repleto de pistas que nos conducen a descifrar la procedencia de una película de autor disfrazada de cine de género, a un territorio fronterizo donde la calidad y la personalidad se solapan con el mainstream y en el que podemos encontrar tanto personajes que escupen diálogos de antología como duelos a revólver de uno contra cuatro donde sabemos quien saldrá victorioso.
Nota: 7,5
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lunes, 31 de enero de 2011
Estreno: "El discurso del rey" (Tom Hooper, 2010)
De un guión extraido de una mera anécdota, que en otras manos apenas daría para completar un sencillo mediometraje, Tom Hooper extrae auténtico oro realizando un finísimo examen de caracteres a la vez que una acertada disección de los mecanismos del poder ayudado, además de por el impresionante trabajo actoral, por un exquisito diseño de producción y por el extraordinario libreto con el que nos ha sorprendido el, hasta ahora guionista de televisión y de largometrajes de animación para la Warner, David Seidler.
Hooper, que ya dio muestras de su talento como director de actores en su anterior y notabilísima "Damned United" (en la que consiguió la que probablemente sea la mejor actuación de Michael Sheen hasta la fecha), se muestra como un maestro de los tempos conduciendo con pulso firme un metraje que no llega a hacerse excesivo en ningún momento y que, a ritmo de crescendo, nos aboca a un emocionante clímax final acompañado por la música de Beethoven.
Son muchas y muy interesantes las lecturas que ofrece la película, desde una historia de lucha personal por la superación hasta una radiografía de la amistad entre dos hombres totalmente diferentes, pasando por un retrato de los mecanismos del poder monárquico a principios del siglo XX pero, sobre todo, un certero análisis del poder de la comunicación audiovisual y de la importancia de la calidad del mensaje por encima de su contenido, representado magistralmente en la escena en que el rey tartamudo escucha admirado un discurso de Hitler y reconoce que a pesar de no saber lo que dice, lo dice muy bien.
Pero Hooper no es sólo un director de actores y se empeña en demostrarlo a base de elocuentes planos meticulosamente compuestos y magníficas escenas como las de las sesiones de tratamiento del rey o el exquisitamente fotografiado paseo por el parque bajo una niebla que, poco a poco, se va dispersando y dando paso a un día soleado.
Es "El discurso del rey", en definitiva, un auténtico festín para los amantes del buen cine, un banquete para los sentidos en el que la avidez por la belleza estética, el talento actoral, la inteligencia en los diálogos o la precisión en la reconstrucción histórica se verá ampliamente satisfecha.
Nota: 8,5
lunes, 20 de diciembre de 2010
Estreno: "Tron: Legacy" (Joseph Kosinski, 2010)
Para empezar, el magnífico plano secuencia que abre la trama y que nos lleva desde las alturas hasta la habitación de Sam Flynn deslumbra, no sólo por el lifting digital que se ha aplicado sobre el personaje interpretado por Jeff Bridges y que le hace rejuvenecer 28 años (técnica idéntica a la usada en la magnífica "El curioso caso de Benjamin Button"), sino por la cantidad de detalles referenciales a la primera parte que aparecen como parte del atrezzo y que constituyen una verdadera declaración de intenciones de los responsables de la función. En este punto el espectador más friki ya se está frotando las manos.
Es a partir de ahí, y tras una espectacular escena de persecución cuando comenzamos a darnos cuenta de que estamos ante una película de diálogos inofensivos, situaciones ya vividas, personajes sin carisma y esquemas que se repiten hasta el punto de saber, casi desde la primera media hora, todo lo que va a pasar hasta que aparezcan los títulos de crédito.
Tal vez sea ese el mayor problema de "Tron: Legacy", su escasa capacidad de sorprender poco más que por su deslumbrante puesta en escena. El esquema de la primera parte se repite casi a pies juntillas en esta secuela: Inicio en el mundo real - conflicto con los responsables de la empresa ENCOM - digitalización del personaje - juego de discos de luz - prisión - juego de motos - escape.... la historia se repite sin aportar apenas nada, los diálogos son cada vez más infantiles, el personaje protagonista parece una caricatura zen del Kevin Flynn de 1982, el supuesto protagonista (Sam Flynn) tiene escaso, más bien ningún carisma. Llegados a la mitad de la película asumimos que la función está sustentada básicamente en los impresionantes efectos especiales, la magnífica banda sonora de Daft Punk (que a su vez se reservan un papel como DJ´s en cierta escena), el diseño de sonido, algunas de las escenas de acción considerablemente bien rodadas y las potentes presencias de Michael Sheen y Olivia Wilde, quien con su belleza (y poco más) contribuye a elevar la ya de por sí sobresaliente categoría estética de la película.
Mención aparte merecen las irrupciones publicitarias en mitad de la trama e incluso incluidas en el propio guión hasta el punto que al terminar la función a uno le entran repentinas ganas de comprar una determinada marca de motocicleta o de teléfono móvil. Fascinante.
Otro problema que presenta este "Tron: Legacy" es su escasa personalidad, nula por momentos en los que juega a ser "Matrix", "La naranja mecánica", "Star wars", "Rollerball", etc., poblando con guiños referenciales espacios que debieran tener personalidad propia y dejando los mejores momentos de la trama aquellos en los que se limita a ser la secuela que debería ser.
Uno, que es fan declarado de la primera "Tron", echa de menos el diseño de Moebius y Syd Mead, la inocencia con la que se abordaban las analogías entre el mundo real y el computerizado, la "rejilla de juegos" en lugar de la "red", los trajes de papel sobre caras en blanco y negro, el villano con carisma británico interpretado por el solvente David Warner, a Cindy Morgan, la propia presencia de Tron como motor de la historia, relegado aquí a esbirro impersonal del villano CLU, el "fin de impresión" y los avisos sobre las macros ocultas...
Y sin embargo se agradece la inclusión (de nuevo) de un tema de Journey en la banda sonora ("Separate ways", grandiosa), la mayor seriedad y dramatismo con que se abordan las escenas de acción, la inclusión del personaje de Michael Sheen, excesivo, histriónico y sobreactuado pero tremendamente agradecido entre el acartonamiento del resto del reparto, la banda sonora de Daft Punk, dignísima sucesora de la extraordinaria música que Wendy Carlos compuso para la original, el gran aprovechamiento de los últimos recursos técnicos en favor de la trama...
Tal vez un pastel demasiado grande para un director debutante como Joseph Kosinski, quien ha debido manejar demasiados recursos ayudado por una nula experiencia en la dirección de largometrajes. Kosinski prepara ahora el remake de otro film de culto del Disney, "El abismo negro"; deseamos un similar envoltorio pero un más jugoso contenido.
Nota: 5,5
jueves, 2 de septiembre de 2010
Estreno: "Conocerás al hombre de tus sueños" (Woody Allen, 2010)
No es esta cinta, como muchos proclaman, una comedia. En absoluto. Se trata de un drama en toda regla en el que una serie de personajes víctimas de su egoismo, inmadurez o falta de escrúpulos suifrirán una serie de consecuencias que poco tienen que ver con sentido del humor habitual del director y mucho con sus otros dramas.
Así, en "Conocerás al hombre de tus sueños" descubrimos a un Woody Allen autorreferencial, que parece acometer un repaso a parte de su propia trayectoria; y así descubrimos en la cinta guiños a "Alice" (el componente sobrenatural personificado en una mujer atormentada que acude al gurú de turno), "Match Point" (el joven carente de moral que alcanza el éxito no precisamente por méritos propios), "Maridos y mujeres" (la relación madura que se rompe y las consecuencias posteriores), "Poderosa Afrodita" (la ingenua prostituta que juega un papel determinante en la función), etc.
Sin embargo y casi como excepción, Woody Allen no incluye un alter ego en la función, al menos no uno fácilmente reconocible como casi siempre ha hecho, bien interpretado por sí mismo o bien dejando la labor en manos de actores casi siempre más que solventes (Kenneth Branagh, Larry David, John Cusak, Jason Biggs...).
La dirección de actores, especialmente de las actrices, sigue siendo excepcional. Gemma Jones, Freida Pinto, Lucy Punch y sobre todo la extraordinaria Naomi Watts cumplen con nota sus papeles, situandose un paso por delante de sus compañeros de función (unos estupendos Antonio Banderas, Josh Brolin y Anthony Hopkins). Escenas como la de la discusión a tres bandas en casa de la pareja Watts-Brolin o esa escena final entre la madre y la hija en la que la ira se convierte en catalizador para expresar los verdaderos sentimientos de esta última forman parte de lo mejorcito del autor, quien en estos últimos años se ha dedicado a dar una vuelta de tuerca sobre sí mismo y maneja con una maestría prodigiosa los temas sobre los que siempre ha incidido (la infidelidad, el amor-desamor, el engaño, la religión, la madurez, etc.) añadiendo unas dosis de cinismo y de lucidez sólo al alcance de un genio de su categoría.
El final abierto es otra de las sorpresas del autor, quien prefiere no entregar todo mascado al espectador y dejarle sacar sus propias conclusiones. Tal vez con ello pretenda dar a entender que es la incertidumbre el peor de los castigos al que someter a unos personajes víctimas de sus debilidades y egoismos, no permitirles una conclusión clara sino dejarles vagando en la indeterminación del ¿qué pasará sí...? Es en esta lección donde Allen introduce la importancia de los hijos como motor de la historia, tanto mediante la pérdida o la ausencia de los mismos como a través de las engañosas y complejas relaciones entre padres e hijos presentes en la misma.
Es, en definitiva, este "Conocerás al hombre de tus sueños" un título imprescindible en la filmografía más reciente de este sensacional cineasta, y junto a "Match Point", "Melinda y Melinda" y "Si la cosa funciona" se cuenta entre lo mejor del Woody Allen de la última década. Y no es poco decir.
Nota: 7,5
lunes, 9 de marzo de 2009
Estreno: "Watchmen" (Zack Snyder, 2009)
La cosa mejoraría notablemente con la estimable "V de vendetta" donde unos hermanos Wachowsky en la sombra dejaban notar su influencia en el resultado final del estupendo debut del director James Mc Teigue. A pesar de ello Alan Moore no quiso aparecer ni en los créditos despotricando sobre la omisión en la película del profundo mensaje anárquico que contenía el cómic original.
Y por fín, tras años de preparación, pasar por multitud de manos y de reescrituras de guión, llega en 2009 la esperadísima adaptación del considerado mejor comic de la historia, cumbre de un género "menor" publicado entre 1986 y 1987 en formato de 12 entregas y que, por supuesto, es la obra maestra de su creador y guionista, Alan Moore. Para variar, Moore se ha abstraído del proyecto y ni siquiera aparece acreditado en la cinta, tercera del director Zack Snyder, a pesar de contar con muchas papeletas para reconciliar al autor del cómic con el Séptimo Arte.
No es esta una adaptación excesivamente fiel al cómic original, más aún considerando que su ya de por sí excesiva duración (163 minutos) no permitiría ni al más sintético de los directores abordar una trama tan excesivamente compleja e incluir todos los detalles que el formato original contiene. Sí es, sin embargo, una excelente cinta de acción espléndidamente rodada que confirma a su director como uno de los referentes en lo que a entretenimiento de calidad se refiere, tras sus magníficas "El amanecer de los muertos" y "300".
Muchos de los detalles que comienzan a trazar la personalidad de Zack Snyder como cineasta vuelven a aparecer en esta ocasión: obsesión por los cuerpos esculturales, escenas de violencia impecablemente coreografiadas, uso moderado de la cámara lenta, una fotografía impecable, detalles gore por doquier, y sobre todo un sentido solemne del homenaje, habida cuenta que su filmografía está sustentada precisamente en ello: "El amanecer de los muertos" era una espectacular adaptación del "Zombi" de George A. Romero y sus dos siguientes cintas adaptaciones de sendas novelas gráficas.
A pesar de la imposibilidad física para abarcar la gran cantidad de información que aparece en la novela gráfica original, la cinta de Snyder contiene intacta la esencia de la obra y mediante un punto de vista narrativo que se vé alterado en función del personaje que nos sirva de guía en cada momento, asistimos a las profundas reflexiones de cada uno de ellos sobre la existencia de Dios, la fragilidad de la paz mundial, lo milagroso de la existencia humana o la verdadera naturaleza de los héroes.
Pero la obra es, ante todo, una ingeniosa reflexión sobre lo humano que hay en el héroe, la erótica del poder, la psicopatología que acecha detrás de todo justiciero y el precio que se paga por defender unos principios. Desde unos créditos iniciales absolutamente prodigiosos al ritmo de "The times are a-changin´" de Bob Dylan en los que se repasa la reciente historia mundial (desde los años 40 hasta los 80) en el supuesto de que los superhéroes hubieran existido hasta un desenlace algo precipitado (extremo que suponemos se corrija en la versión de 210 minutos que el director prepara para su próximo estreno), "Watchmen" se revela como la alternativa oscura a esa obra maestra de Pixar que fue "Los increíbles" y sobre todo como una gran película de superhéroes más cercana a la maravillosa "El caballero oscuro" que a las estimables "Spiderman", "Superman" o "X-men", con la que comparte guionista.
En el reparto, plagado de rostros poco conocidos con la sana intención de guardar una máxima fidelidad física al cómic original, destacan el televisivo Jeffrey Dean Morgan como un inquietante "Comediante", las bellas Carla Gugino y Malin Akerman y el nominado al oscar Jackie Earle Haley como un estupendo "Rorscharch", auténtico protagonista de la cinta y a través de cuyo diario somos testigos de sus demonios internos y la lucha que mantiene para aplacarlos.
Con una factura formal inmejorable y plagada de grandes clásicos de la música del siglo XX (Leonard Cohen, Simon & Garfunkel, Nena, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, el mencionado Dylan), "Watchmen" no es la obra maestra que clama ser por una simple imposición de tiempo. Las posteriores versiones (una para cine de 210 minutos y otra para la edición en DVD de 250) puede que hagan justicia con esta extraordinaria adaptación de la obra cumbre de Alan Moore. Las esperamos con inquietud.
Nota: 8,5
lunes, 23 de febrero de 2009
Estreno: "Revolutionary Road" (Sam Mendes, 2008)
Este sórdido retrato de la clase alta americana en una época en la que los prejuicios pesaban más que las razones del corazón a la hora de tomar decisiones vitales es en realidad un retrato del fin de la espontaneidad en aras del conformismo, del fin del amor vencido por el materialismo, del fín de las personas engullidas por sus roles sociales y familiares. Y a pesar de que aparentemente la época histórica funciona como un personaje más determinando muchas de las actuaciones de los protagonistas, constatamos que sus principales motivos continúan vigentes hoy en día.
Dos actores superdotados y con una química fuera de toda duda como son Leonardo Di Caprio y Kate Winslet cargan con el peso de una cinta en la que lo mostrado contrasta con la terrible violencia psicológica soterrada que esconden unos inmaduros protagonistas a los que un vecino con trastornos psicológicos tiene que cantarles las verdades a la cara en una de las mejores escenas del año (inmenso también Michael Shannon en su mejor papel hasta la fecha).
La sobria partitura del excelente Thomas Newman y la gélida fotografía de Roger Deakins crean el ambiente perfecto para este hervidero de ilusiones rotas, emociones a flor de piel y desastres sentimentales que es a su vez un jarro de agua fría a la cabeza del espectador más acomodaticio y menos autocrítico. Conviene, sin duda, acudir con el ánimo bien templado y las ideas bien claras para enfrentarse con esta durísima obra en la que un extraordinario epílogo esconde el verdadero secreto de la convivencia en pareja.
Tras el bajón de calidad que supuso "Jarhead", una cinta correcta pero no excesivamente interesante, en comparación a sus impresionantes predecesoras, San Mendes recupera los ingredientes que mejor sabe manejar (búsqueda de la felicidad a toda costa, familias disfuncionales en las que los hijos son las víctimas, amistades traicionadas, etc.) entregándonos una auténtica bomba de relojería emocional que a más de uno hará ir a rebuscar en su propia trastienda y realizar un necesario examen de conciencia.
Nota: 8
miércoles, 18 de febrero de 2009
Estreno: "Slumdog Millionaire" (Danny Boyle, 2008)
Boyle, ayudado por la directora debutante Loveleen Tandan, consigue crear una película que mezcla a partes iguales sencillez y sofisticación, una mirada clásica con referentes en "El ladrón de bicicletas", "Oliver Twist" o "Salaam Bombay!" y una óptica moderna con otros referentes como "Ciudad de Dios" o la misma "Trainspotting", una cruda y desgarrada trama con una de las más bellas historias de amor vistas en pantalla en los últimos años.
El curioso punto de partida de la cinta, astuta metáfora sobre la globalización y sus consecuencias, es la participación del protagonista en el conocido concurso "¿Quiere ser millionario?" versión hindú, hilándose a través de sus respuestas a cada una de las preguntas del concurso su historia vital. Así, a modo de flashbacks, Boyle construye las no precisamente divertidas peripecias de dos hermanos y una amiga, los tres huérfanos, para sobrevivir en el caos que es Bombay antes y después de la mencionada globalización.
Unos excelentes y desconocidos protagonistas dan vida al trío protagonista a través de sus diferentes edades recreando la dureza de la vida en las calles de Bombay, y que se aleja de la típica postal de la India centrándose en la mísera subsistencia de sus habitantes menos afortunados. Este canto al ingenio y a la supervivencia tiene un punto de inflexión, a modo de hábil elipsis, en la caída del tren en la que los dos hermanos darán el paso definitivo a la madurez al descubrir lo que será su verdadero método para subsistir.
El estupendo guión de Simon Beaufoy, autor del también excelente libreto de la ya clásica "Full Monty", se basa en el libro "Q & A" del escritor y diplomático hindú Vilkas Swarup convertido ya en un best seller a tenor del inesperado (y merecidísimo) éxito crítico y comercial de la cinta, avalado con sus 4 Globos de Oro y sus 10 candidaturas a los Oscar. Mención aparte merece el apartado técnico (sonido, fotografía y montaje, todo ello nominado al Oscar), que consigue crear un envoltorio de lujo para este moderno cuento de hadas sobre la miseria y la crueldad.
Puede hablarse, por tanto, de la mejor y más importante película de Danny Boyle, quien 12 años después de su aclamada "Trainspotting" consigue una digna sucesora dando un paso cualitativo más allá y haciendo que prácticamente todas aquellas de sus cintas que median entre ambas puedan olvidarse sin mayor problema. Por cierto, que nadie se pierda los créditos finales de la cinta.
Nota: 8,5
lunes, 9 de febrero de 2009
Estreno: "El curioso caso de Benjamin Button" (David Fincher, 2008)
A pesar de todo, la cinta de Fincher tiene más que suficientes méritos propios como para no ser recordada como una revisión de ninguna otra película, o para ganar premios con absoluto merecimiento. Destacan en primer lugar unos prodigiosos efectos de maquillaje que ya desde el inicio del metraje sorprenden por su capacidad de transformar a actores conocidos (Cate Blanchett o Brad Pitt) en alter egos irreconocibles sometidos a los avatares del paso del tiempo (en uno u otro sentido).
Por otra parte, Eric Roth hila un excelente guión basándose lejanamente en un relato corto de F. Scott Fitzgerald, que consigue momentos realmente mágicos y emotivos, proponiendo una excelente metáfora sobre la fugacidad de la vida, la importancia del "carpe diem" y el valor de la diferencia.
El apartado técnico de la cinta es sobresaliente: La fotografía de Claudio Miranda, cámara habitual de Fincher y aquí por primera vez su director de fotografía, es simplemente deliciosa. El diseño de producción (recreando diferentes ambientes desde los años 20 del pasado siglo hasta la actualidad), preciso y meticuloso. El montaje es ágil hasta el punto de que los 166 minutos de metraje se soportan sin dificultad. La banda sonora del francés Alexandre Desplat se ajusta como un guante a la intensidad de la historia que se cuenta, si bien tal vez sobren algunos de los numerosos subrayados musicales. Y el maquillaje es absolutamente espectacular, pocas veces un Oscar ha estado tan cantado.
Por último, los tres grandes protagonistas de la función están a la altura de lo esperado: David Fincher continúa su ascenso hacia el Olimpo de los directores de Hollywood y tras entregar obras tan personales y poco convencionales como "Se7en", "El club de la lucha" o "La habitación del pánico" se disfraza de clásico y nos regala una cinta emotiva, rodada con grandeza y sin complejos y a pesar de ello plagada de toques personales (la escena del accidente, el prólogo del reloj, la batalla naval, etc.) y momentos de gran emotividad que esquivan la lágrima fácil recurriendo a la propia sensibilidad del espectador para funcionar.
Brad Pitt y Cate Blanchett vuelven a reunirse como pareja tras la excelente "Babel", mostrando incluso más química en esta ocasión, y especialmente Blanchett ofrece una interpretación extraordinaria, sobre todo hacia el final de la cinta. Brad Pitt sorprende en su encarnación de "niño-anciano" mezclando un rostro infantil e inocente con una caracterización de decrépito anciano y es cuando deja de estar caracterizado cuando la película pierde algo de fuelle, llegando a parecer por momentos un anuncio de perfume.
El inicio y el cierre de la cinta, marcados respectivamente por dos grandes acontecimientos globales como son el final de la Primera Guerra Mundial y el huracán Katrina, enmarcan esta gran historia que reflexiona hábilmente sobre el paso del tiempo desde una original perspectiva y nos hace plantearnos el verdadero valor del instante presente, única realidad de la que disponemos y único momento por el que deberíamos guiar nuestros actos.
De nuevo Fincher da en la diana y sin llegar a conseguir esa obra maestra de la que todo el mundo habla, es de agradecer que en Hollywood se siga apostando, aunque con cuentagotas, por el cine con mayúsculas y por los creadores sin complejos. Esperamos con impaciencia la próxima revisión de la cinta de animación de Ivan Reitman "Heavy Metal" que Fincher aborda actualmente; sin duda volverá a acertar.
Nota: 8,5
lunes, 26 de enero de 2009
Estreno DVD: "La niebla, de Stephen King" (Frank Darabont, 2007)
Tras esta prometedora carta de presentación, Hollywood le acogió como guionista a sueldo haciéndose cargo de los libretos de algunas "simpáticas" series "B" en los 80 como "La mosca II", "Pesadilla en Elm Street III" o "The Blob: el terror no tiene forma", además de convertirse en guionista habitual para las estupendas series "Las aventuras del joven Indiana Jones" y "Tales from the crypt" y de dirigir un primer largometraje que pasó prácticamente desapercibido, "Buried Alive".
Pero su consagración no llegaría hasta 1994, año en el cual realiza la adaptación del relato de Stephen King "Rita Hayworth and Shawshank Redemption" en la maravillosa "Cadena Perpetua", película de culto desde el momento de su estreno considerada por diversos sectores como una de las mejores películas de todos los tiempos y que supuso una auténtica declaración de intenciones de su director quien con un estilo clásico y sobrio hasta el extremo, una acertadísima dirección de actores y un guión sobresaliente y prácticamente perfecto consiguió la que posiblemente sea la mejor película hecha en Hollywood en los años 90.
Menor fortuna tuvieron la estupenda "La Milla Verde" (de nuevo una adaptación de Stephen King) y la curiosa "The Majestic", las cuales a pesar de sus innegables virtudes cinematográficas tuvieron que soportar la imposible comparación con la inmensa "Cadena Perpetua", más aún tratándose de historias que al desarrollarse en el mismo momento histórico desprendían cierto tufillo a intento de repetir el taquillazo.
Y ya en 2007 Darabont lo vuelve a intentar, esta vez aunando sus dos especialidades: las adaptaciones de Stephen King y el género de terror. Y da en el clavo. "La niebla, de Stephen King" (no confundir con la también excelente "La niebla, de John Carpenter") es una estupenda cinta de género, muy bien construida, con varias escenas antológicas y rodada con excelente pulso, que desarrolla una situación muchas veces vista en pantalla (grupo de gente atrapada en un espacio limitado sin poder acceder a ayuda del exterior) y la lleva un paso más allá alcanzando nuevas cotas en lo que a recreación de situaciones claustrofóbicas se refiere.
Un estupendo Thomas Jane lidera el solvente reparto plagado de caras conocidas, muchas de ellas habituales en los filmes de Darabont (William Sadler, Jeffrey DeMunn, Laurie Holden...), que consigue plenamente transmitir el agobio de la situación narrada, especialmente la notable Marcia Gay Harden cuya encarnación de una fanática religiosa constituye, por encima de la niebla y las criaturas que la pueblan, el elemento más aterrador de la cinta.
Darabont rueda con pulso firme, no precipita los acontecimientos y no tiene prisa por enseñar sus cartas. La gran metáfora que constituye la niebla, representando la necesidad de enfrentarse a lo desconocido como alternativa a la opresión que constituye una sociedad contaminada por una ideología religiosa, es algo que Darabont no pierde nunca de vista demostrando que a pesar de las espeluznantes criaturas que nos acechan fuera, los verdaderos monstruos los tenemos justo al lado, son nuestros vecinos, nuestros amigos y nos enseñan su verdadera cara en cuanto la situación no les es favorable.
Este alegato contra la naturaleza humana, sin apenas banda sonora y salpicado de sangre, mutilaciones, bichos y fanatismo, es también un desgarrador retrato del amor paterno-filial y de la capacidad de sacrificio, guardándose como baza final una conclusión de las que uno no podrá olvidar.
Con un estilo que puede recordar en ocasiones a cineastas como Spielberg o Carpenter y en otras incluso a Kubrick o Tarkovsky, Darabont nos entrega un nuevo clásico del cine de terror, deudor de los clásicos del horror claustrofóbico como "La Cosa" (al que hace un pequeño homenaje) o "Alien" que seguro no defraudará a los fans del buen cine de terror. Y mucho menos a los incondicionales de Stephen King.
Nota: 8
viernes, 16 de enero de 2009
Estreno DVD: "Tropic Thunder" (Ben Stiller, 2008)
Por otro lado, la carrera de Ben Stiller como director y actor ocasional en proyectos más comprometidos está plagada de títulos más interesantes repletos de humor ácido, guiones inteligentes y un agudo sentido crítico, lo que les ha otorgado la categoría de cintas de culto en diversos círculos, casos de la estupenda "Zoolander", la oscurísima "The cable guy", o sus colaboraciones con otros directores como en "Los Tenenbaums", "Amigos y vecinos" o "Tenacious D in the pick of destiny".
"Trophic Thunder" pertenece, sin duda, a esta segunda categoría, y en ella podemos encontrar todas las señas de identidad del Ben Stiller cineasta: una despiadada y divertidísima crítica a la industria de Hollywood y su maquinaria para rodar las grandes producciones, una acertadísima parodia de sus grandes estrellas, humor irreverente y una capacidad intelectual bastante superior a la mayoría de sus colegas hollywoodienses que recurrentemente entregan comedias sin gracia alguna semana sí y semana también.
Como en anteriores ocasiones, el director se rodea de un apabullante elenco de amigos/estrellas de Hollywood sin reparos a la hora de autoparodiarse o reírse de la industria que los ha encumbrado. Especialmente descacharrantes resultan las interpretaciones de Tom Cruise y Robert Downey Jr. recreando, respectivamente, a un obeso y alopécico representante de actores sin escrúpulo alguno y a un multioscarizado y obsesionado con el método actor/estrella de Hollywood.
Pocos son los objetivos que no se dedica a atacar un desmelenado Ben Stiller: el cine bélico y sus eternos tópicos, las películas sobre disminuídos psíquicos y los actores que los encarnan (genial el repaso que en un momento dado hace el personaje interpretado por Robert Downey Jr.), el negocio de la representación de actores y la falta de escrúpulos de sus responsables, las entregas de premios, los directores noveles a los que los megaproyectos de Hollywood les quedan demasiado grandes...
Hay diálogos y escenas antológicas a lo largo del metraje, buenos ejemplos de ello a cargo de los mencionados Cruise (ese baile que se marca junto a su ayudante frente a Matthew Mc Conaughey), o Robert Downey Jr. (El repaso a las películas sobre disminuidos psíquicos y su teoría sobre los premios recibidos por sus intérpretes, el misticismo de saldo que exhibe en casi cada una de sus frases, la absurda operación a la que es sometido para cambiar la pigmentación de su piel como metáfora del actor poseido por el método....), además de Nick Nolte (el héroe de turno falsamente encumbrado) o Jack Black (parodiando al prototípico actor de moda adicto a todo).
Curiosamente, la película, hecha desde el mismo sistema contra el que embiste, ha tenido una gran acogida por parte de la crítica e incluso ha sido nominada para varios premios de la industria, cosa por otra parte digna de agradecimiento. Sería, cuanto menos, curioso que ganara alguno.
Nota: 7,5
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Estreno: "Ultimátum a la Tierra" (Scott Derrickson, 2008)
La kilométrica distancia que separa este mediocre intento de taquillazo con la extraordinaria "La guerra de los mundos" de Spielberg o con su primera versión del año 1951 es directamente proporcional a la decepción que uno siente viendo cómo Hollywood es capaz de venderse a sí mismo a costa de hacer caja, renunciando a cualquier atisbo de originalidad, talento o vergüenza.
La actuación de Keanu Reeves, impasible, incapaz de mostrar emoción alguna y limitándose a caminar de un lado para otro y a leer sus líneas de guión, es una magnífica metáfora de la ilusión y pasión aportadas por los responsables del proyecto, más ocupados en hacer números con sus bancos que en preocuparse por entregar un remake digno, o en molestarse en crear algo original.
En cuanto a los otros protagonistas, Jennifer Connelly se limita a poner cara de preocupación durante todo el metraje, mientras que Jaden Smith, el hijo de Will Smith y que ya debutara con su padre en la curiosa "En busca de la felicidad", encarna a un repelente niño de los que a uno le hacen replantearse la Ley de Maltrato Infantil. Kahty Bates y John Cleese son meras anécdotas introducidas para tratar de aportar algo de prestigio en tamaño desaguisado.
De lo poco salvable de la cinta habría que destacar el aterrizaje de la esfera, la escena en el búnker tratando de descrifrar a GORT y los efectos especiales, en particular los que recrean el material del que GORT está compuesto. Respecto al contenido crítico de la cinta, este brilla por su ausencia: el supuesto contenido ecologista-humanista queda diluido en el aparatoso continente hasta el punto que al final a uno le dá igual si exterminan a la raza humana o no, con tal de que ocurra algo en la aburrida trama.
Es curioso que un director prometedor como Scott Derrickson, responsable de la notable "El exorcismo de Emily Rose", se haya declarado fan de la cinta original de Robert Wise y haya tratado de llevarla de nuevo a la pantalla desde 1993; visto el resultado la película parece más fruto de un encargo que un proyecto personal y guiado por la pasión. Una pena.
Nota: 3,5
martes, 9 de diciembre de 2008
Estreno: "La boda de Rachel" (Jonathan Demme, 2008)
El director de la extraordinaria "El silencio de los corderos" se propone rodar su propio video doméstico del acontecimiento y usando los mínimos medios y siempre cámara en mano nos introduce en el complicado ecosistema que constituye la disfuncional y singular familia que protagoniza el enlace a lo largo de los dos días que dura la celebración.
Un magnífico plantel de actores poco conocidos, con una estupenda y sorprendente Anne Hathaway a la cabeza, es el principal atractivo de una cinta que aborda con crudeza pero también con simpatía los trapos sucios de una familia con un oscuro pasado, en la que nadie es tan culpable ni tan inocente como pueda parecer en un principio.
La recuperación de la siempre excelente Debra Winger es otro de los alicientes de esta singular película en la que la hija del gran Sidney Lumet, Jenny Lumet, debuta como guionista tras una corta carrera como actriz.
Este retrato de la clase alta bohemia norteamericana flaquea en el desarrollo de alguno de sus personajes, no detallado con la suficiente profundidad, y que puede llegar a confundir respecto a su verdadero papel en la historia. A cambio nos regala una fascinante disección del destino de esos "hijos del amor" de mayo del 68, ahora convenientemente acomodados y enfrentados a los problemas familiares que, tal vez, nunca se plantearon afrontar. La cinta respira libertad, cultura y espíritu hippie por cada uno de sus poros, y las continuas referencias y subrayados musicales (algunas veces consiguen llegar a hartarnos) nos sirven como valiosos apuntes para el dibujo de muchos los personajes principales.
Escenas tiernas que rozan lo cursi se entremezclan con otras duras y desgarradas (estupenda la escena de la competición frente al lavavajillas), siendo la relación entre ambas hermanas, las excelentes Anne Hathaway y Rosemarie DeWitt, el motor que mueve esta turbulenta historia.
Muy adecuadamente ambientada, desde la decoración de la casa familiar con ese toque entre oriental y psicodélico, hasta las contínuas referencias musicales (desde Neil Young hasta el folcklore palestino) y ese aire entre dramático y despreocupado de los protagonistas confieren a la cinta un sabor especial, haciendo de "La boda de Rachel" una cinta diferente a lo habitual, colorista, multicultural y optimista a pesar de la dura historia que cuenta.
Jonathan Demme acierta en su cambio de dirección tras la mediocre "El mensajero del miedo" y se acopla sin problemas al cine más indie, volviendo la vista atrás hacia sus prometedores inicios con "Casada con todos" o "Algo salvaje", declarando su amor por la música como ya hiciera en "Stop making sense" de los Talking Heads o en sus grabaciones para Bruce Springsteen, New Order, Pretenders o Neil Young, y sobre todo demostrando una juventud y una buena salud cinematográfica fuera de toda duda.
Nota: 7
domingo, 23 de noviembre de 2008
Estreno: "Quantum of Solace" (Marc Foster, 2008)
El punto de partida de esta entrega nº 22 es precisamente el punto en el que lo dejaba la anterior "Casino Royale", y será precisamente el afán de venganza del protagonista el motor que mueva la trepidante trama, en la que apenas hay momentos de respiro y que coloca el listón muy alto a posteriores entregas.
Los más puristas tendrán argumentos más que sobrados para criticar el nuevo rumbo que ha tomado la saga: este nuevo Bond es más rudo, más violento, menos mujeriego y tiene menos sentido del humor; además, "M" es una mujer. A cambio, la acción y la elegancia pasan a un primerísimo plano, se olvidan las frases lapidarias o los escarceos que en anteriores entregas no hacían sino entorpecer la trama y se va directo al grano, lo cual, desde mi punto de vista, es muy de agradecer.
La oportuna actualización del personaje es responsabilidad en parte del gran guionista Paul Haggis, quien en colaboración con Neal Purvis y Robert Wade (paradójicamente, responsables también de las últimas entregas con Pierce Brosnan "Muere otro día" y "El mundo no es suficiente" en las que la fórmula parecía ya agotada, así como de la deleznable "Johnny English") firma un guión complejo, ágil e incluso ingenioso, pero a su vez adolece de cierta ingenuidad en su afán de crear una política ficción de entidad, especialmente en sus teorías de la conspiración con respecto a la implicación de la CIA en los regímenes totalitarios sudamericanos, así como en el oportunista y trasnochado mensaje ecologista-libertador de los protagonistas.
Mathieu Almaric, el protagonista de la excelente "Finales de agosto, principios de septiembre" y de la extraordinaria "Munich" de Spielberg, parece haberse hecho ya un importante hueco en Hollywood, dando aquí vida al inquietante villano de turno, un ser cruel y lleno de complejos encarnado con suficiente solvencia y con la discreta presencia que requiere el personaje. Respecto a "nuestro" Fernando Guillén Cuervo, anunciado a bombo y platillo como "el malo de la película", apenas se deja ver en un par de secuencias.
Esta nueva etapa está también marcada por una reducción en el número de "chicas Bond" por entrega, limitándose a prácticamente dos en esta "Quantum of solace", la ucraniana Olga Kurylenko y la británica Gemma Arterton. La reducción en la cantidad de papeles femeninos viene acompañada por un mayor peso de los mismos en la historia, y si bien en "Casino Royale" la presencia de Eva Green era uno de los catalizadores de los acontecimientos, en este caso el papel de Olga Kurylenko, motivado al igual que Bond por su deseo de venganza, será fundamental en el desenlace de la cinta.
Marc Foster ha sabido crear un espectáculo entretenidísimo, trepidante y con cierta dimensión; a pesar de crear cierta confusión en las escenas de acción abusando de la cámara en mano y el montaje precipitado, en conjunto la película es divertida, plásticamente espectacular y coherente (a pesar de todo) con el resto de la saga.
Daniel Craig es, para quien escribe, el mejor Bond desde Sean Connery y tiene no pocos puntos en común con él. Dureza, crueldad, frialdad y elegancia se dan por igual manera en ambos y a partir de ahí ya es una cuestión de gustos. Timothy Dalton también reunía estas cualidades, pero su menor presencia y la mala suerte de haber aparecido en el momento más bajo de la saga jugaron en su contra. Roger Moore y Pierce Brosnan aportaron unas mayores dosis de comicidad y socarronería al personaje pero terminaron por agotar su fórmula. Craig reune la suficiente presencia física y elegancia, a la vez que la necesaria brutalidad y aparente falta de escrúpulos que necesita el agente del MI-6 en sus inicios, no olvidemos que estas nuevas entregas tratan del Bond anterior al que todos conocemos.
Merece la pena destacar la secuencia en la Ópera de Viena, donde un magnífico montaje paralelo nos muestra una espectacular puesta en escena de "Tosca", de Puccini a la vez que nuestro protagonista "hace su trabajo". La persecución inicial por las calles de Siena, igualmente en montaje paralelo con la carrera del Palio en la Plaza del Campo, la escena de la caída desde el avión o el final en el hotel del desierto son también momentos que merecen ser contemplados en pantalla grande. Una extraordinaria aportación a una saga que goza de una segunda juventud. Falte le hacía.
Nota: 7
domingo, 9 de noviembre de 2008
Estreno: "Red de mentiras" (Ridley Scott, 2008)
Los siguientes filmes de Ridley Scott fueron desde la curiosa anécdota ("Legend") a lo convencional ("Black Rain" o "La sombra del testigo"), pasando por un sonoro éxito que más tuvo que ver con el mensaje de la cinta que con su calidad cinematográfica ("Telma & Luise") para acabar hundiéndose en la mediocridad más absoluta (La soporífera "1492" y las insultantes "Tormenta blanca" y "La teniente O´Neill").
Pero el 2000 fue el año de su resurrección. Hollywood volvió a creer en él a tenor del desmesurado éxito de su "Gladiator", un filme lleno de virtudes y defectos casi a partes iguales y que se alzó con el Oscar a la mejor película ese año. "Gladiator" marcó el comienzo de una nueva juventud para Scott, quien desde entonces ha contado con el beneplácito de la crítica y el público, convirtiéndose en uno de los directores más rentables de Hollywood durante la presente década.
Así, el Ridley Scott del siglo XXI se ha caracterizado por abordar cintas de acción con un resultado muy superior a la media de sus colegas, situándose en este sentido casi en un mano a mano con Michael Mann, así como por enfrentarse a otra serie de películas de corte más intimista ("Un buen año" o "Los impostores") y de las que ha conseguido salir más que airoso. Es en ese primer grupo de cintas, al que también pertenecerían sus "Black Hawk derribado", "American gangster" o la mencionada "Gladiator", donde cabría incluir esta "Red de mentiras", vibrante y entretenidísimo thriller rodado con un gran pulso y que constituye su cuarta colaboración con ese monstruo de la interpretación que es Russell Crowe.
La principal virtud de la cinta es hacer que 128 minutos pasen en apenas un suspiro, ya que Scott apenas deja que la trama se relaje y consigue que esa sensación de que "algo puede pasar en cualquier momento" sobrevuele a lo largo de toda el metraje. Las escenas de acción, como también ocurría en "Black Hawk derribado", cortan la respiración pero no consiguen distraernos de una trama compleja en la que atentados, conspiraciones, tramas ocultas y, sobre todo, verdades manipuladas dirigen una dura historia de supervivencia y amistad en mitad de la mayor guerra que se libra hoy en día, y acerca de la cual la película se muestra pesimista hasta el límite.
Tal vez sea el punto de vista el mayor lastre de la cinta, ya que sus tímidos intentos críticos con la intervención estadounidense en Irak se quedan en apenas una anécdota de escasa entidad, y lo que a priori podría parecer un filme contestatario se revela como un blockbuster de lujo dirigido al puro entretenimiento.
Crowe y Di Caprio están estupendos, el primero en un papel cómodo, similar al desarrollado en "Un buen año", pero con unas dosis de cinismo y socarronería añadidas que lo convierten en el contrapunto perfecto al resto de la dura y sangrienta historia. Di Caprio, en un papel que comparte no pocas similitudes con el de "Diamante de sangre", es quien lleva el peso dramático de la cinta, tarea que resuelve con absoluta solvencia y convicción hasta el punto de tener pocas escenas a lo largo de la película que no requieran caracterización.
Scott nos propone una descripción del enfrentamiento entre el pasado y el futuro en esta guerra que los dueños de los satélites, de los móviles e internet tratan infructuosamente de ganar a los primitivos, fanáticos y destecnologizados fundamentalistas musulmanes. El recurso de la vista desde el avión espía, que muchas veces a lo lago de la cinta nos ayuda a colocarnos en situación, es una valiosa metáfora de lo inútil que la tecnología resulta en una guerra de estas características.
Las influencias más inmediatas de la cinta pueden rastrearse en la magnifica "Munich", de Spielberg, así como en la entretenida pero ñoña "The Kingdom", de Peter Berg o en la mediocre pero inquietantemente visionaria "Estado de sitio" de Edward Zwick, aunque sobre todo es su "Black Hawk down" la que estilísticamente más podría identificarse con esta recreación de la "guerra de América contra el fanatismo".
En definitiva, un paso más de Ridley Scott hacia la excelencia comercial y bienhacer artesanal, a la vez que un paso más alejándose del estatus de "director de culto" que sus tres primeras y excelentes cintas le confirieron. Parece que su siguiente aventura le llevará por este mismo camino, una adaptación de la historia de Robin Hood de título "Nottingham" en la que el famoso arquero de Sherwood será interpretado por....¿adivinan quién?
Nota: 7
domingo, 12 de octubre de 2008
Estreno: "Quemar después de leer" (Joel y Ethan Coen, 2008)
Algo similar ocurrió con la extraordinaria "El gran Lebowski", tildada en su momento de frivolidad de los hermanos de Minneapolis y convertida con el tiempo en una obra a reivindicar dentro de lo mejor de su filmografía. Y es que ambas cintas comparten una peculiar iconografía a base de personajes estrafalarios, situaciones hilarantes, estética cercana al "cartoon" y un negrísimo sentido del humor, además de un excelente plantel de actores. Si en aquella "El gran Lebowski" eran Jeff Briges, John Turturro, Julianne Moore, Steve Buscemi y John Goodman los principales responsables del desternillante resultado de la cinta, en esta "Quemar después de leer" son Brad Pitt, John Malkovich, Tilda Swinton y sobe todo George Clooney y Frances McDormand quienes se encargan de hacernos creibles a los especímenes que pueblan el estupendo guión de los Coen.
Es "Quemar después de leer" un auténtico muestrario de la estupidez humana y sus consecuencias, y queda bien claro que para poder retratar a un estúpido de grado mayor hace falta un actor muy inteligente y con capacidad para reirse de sí mismo sin llegar a resultar ridículo, y es a eso precisamente a lo que juegan Pitt, McDormand, Malkovich y Clooney, creando unas caricaturas de sí mismos que pocos actores del Hollywood actual serían capaces de afrontar con un digno resultado.
Este puzle de historias perfectamente engarzadas contrapone la peligrosa y osada "estupidez intolerable" de la mayoría de los principales personajes de la cinta frente a la frialdad y manipulación que exhiben los dos "personajes inteligentes" de la cinta, encarnados por una excelente e inquietante Tilda Swinton y una correcta Elizabeth Marvel, hasta el punto de rozar el alegato misógino en diferentes momentos de la película en los que no cabe sino apiadarse de los lamentables personajes masculinos y sus respectivos destinos.
A pesar de ello, la reina de la función es esa magnífica actriz que es Frances McDormand cuyo personaje, haciendo gala de una superficialidad, audacia y falta de inteligencia llevados al extremo, es el motor de esta hilarante y sangrienta historia de malentendidos, casualidades, engaños y manipulación.
George Clooney, quien parece haberle cogido al gusto a trabajar con los Coen en esta su tercera colaboración, compone un patético personaje que estaría en las antípodas de lo que nos tiene acostumbrados, olvidándose de su etiqueta de maduro galán para dar vida a un ser atormentado, paranoico, mentiroso compulsivo, vicioso e irresponsable que se apropia de gran parte de los momentos más descacharrantes de la cinta.
La galería de secundarios es espectacular (Manolo el trabajador del gimnasio, los agentes de la CIA, el agregado cultural ruso, etc.) y responsable de los momentos más hilarantes de la película, y especialmente Brad Pitt, quien no tiene el más mínimo reparo en hacer de tonto supremo de la función, nos regala una de sus mas desternillantes caracterizaciones que junto con las de "Snatch", "Babel", "El club de la lucha" y "12 monos" estaría entre lo mejorcito del actor.
Tras el bajón de calidad que supusieron los primeros años de la presente década para los Coen, con filmes de inferior calidad a lo habitual como "The Ladykillers", "O Brother" o "Crueldad intolerable" parece que han remontado el vuelo, primero con la magistral "No es país para viejos" y después con esta estupenda, divertidísima y, quien sabe, posible obra de culto "Quemar después de leer". Esperemos que las múltiples cintas que ya tienen en preparación mantengan el nivel.
Nota: 7,5
lunes, 29 de septiembre de 2008
Estreno DVD: "John Rambo: Vuelta al infierno" (Sylvester Stallone, 2008)
Lo cierto es que tras un más que digno comienzo de saga con ese "Acorralado" de Ted Kotcheff basado en el libro "Primera Sangre" de David Morrell, la saga se fue a pique en términos de calidad, aunque todo lo contrario en términos de rentabilidad económica siendo su continuación, la deplorable "Rambo" de George Pan Cosmatos (y con James Cameron firmando el guión junto al propio Stallone) uno de los hitos comerciales del cine de la citada década. La inevitable segunda secuela, la peor aún "Rambo III" sólo conseguía perpetuar una fórmula agotada ya desde el primer fotograma de la anterior, ofreciendo un lamentable espectáculo que en su momento consiguió el dudoso honor de ser la película de la historia que más muertes mostraba en pantalla. Toda una joyita.
Con estos antecedentes no es extraño que el espectador con un mínimo de respeto y cariño por el cine se acercara con auténtico terror a este "Rambo IV", destinado a priori a batir records de lamentabilidad y pateticismo y a hacer suya la máxima de que "si segundas partes nunca fueron buenas ¿por qué llegar a hacer cuatro?".
Stallone dijo en una de las entrevistas promocionales de la cinta que lo que pretendiá con este regreso era hacer una película pacifista mostrando una nueva faceta del héroe. Nada más lejos de la realidad: el motor que mueve este "John Rambo" es precisamente ese primitivo instinto de destrucción de todo aquello que resulta odioso y desagradable. Y es que el Stallone director se empeña durante más de la mitad de la cinta en mostrarnos lo malos que pueden llegar a ser los malos, en este caso los militares Birmanos, para poder justificar esa sangría final, sádica como pocas veces se ha visto en pantalla, en la que el espectador sufre y disfruta a la vez viendo cómo los villanos son desmembrados, despedazados, reventados, acribillados, y todo ello filmado con una crudeza y una minuciosidad que hacen pensar que si Sly hubiera cogido las riendas de las dos anteriores entregas tal vez otro gallo hubiera cantado.
Y es que si bien el Stallone actor hace mucho que lo dijo todo (no hay que olvidar actuaciones memorables como la del primer "Rocky" o la de "Cop Land"), el Stallone director resulta un agradable descubrimiento a pesar de haber sido su primera (y discreta) "La cocina del infierno" su mayor hito hasta el momento en ese sentido. Stallone se muestra ágil y certero rodando escenas de acción, se atreve a homenajear al Coppola de "Apocalypse now" en alguno de los planos en el barco que surca el río, e incluso se suelta con algún que otro discreto plano secuencia que sube el listón fílmico de una historia que no dá para mucho más.
Pero el mayor "atractivo" de la cinta es mostrar la guerra tal y como es. Si Spielberg consiguió que nos sintiéramos como en mitad del desembarco de Normandía en esa obra maestra que es "Salvar al soldado Ryan", Stallone pretende hacer lo propio en una guerra de guerrillas en plena selva Birmana y con armamento moderno. Y vaya si lo consigue: el realismo de las escenas bélicas es sobrecogedor, pero a diferencia de la cinta de Spielberg aquí no hay historia que contar más allá de la mera anécdota sobre un rescate en la jungla que se convierte en la excusa para que Stallone se despache a gusto con todos sus enemigos.
Es este "John Rambo" un regreso que mejora una saga dificilmente empeorable, tan impactante visualmente como vacía ideologicamente, que nos descubre un Stallone director que realmente sabe mover la cámara y sorprendernos con su puesta en escena. Hasta el punto que ahora prepara un biopic sobe el escritor Edgar Allan Poe. ¿Será este su cambio de rumbo hasta convertirse en un nuevo David Lean? Apuesten.
Nota: 5
domingo, 21 de septiembre de 2008
Estreno: "Vicky Cristina Barcelona" (Woody Allen, 2008)
Tras el relativo fracaso de su anterior "El sueño de Cassandra" los agoreros de turno ya ponosticaban por enésima vez el declive del creador neoyorkino, quien parece necesitar de cuando en cuando una película menor (o dos) para poder remontar el vuelo. Ya ocurrió en otras ocasiones (obras maestras como "Hannah y sus hermanas", "Delitos y faltas", "Maridos y mujeres" o "Match point" venían precedidas de películas menos interesantes del director), y algo similar ha ocurrido en esta ocasión.
No es esta estupenda "Vicky Cristina Barcelona" una de las (contadas) obras maestras de Woody Allen, pero sería injusto calificarla de filme menor en su carrera. Todos los temas que tan bien sabe manejar el director están aquí presentes (el amor, el Arte, las relaciones de pareja, el proceso creativo...) y desarrollados con la misma solvencia de siempre, la dirección de actores vuelve a ser soberbia, y los diálogos son especialmente ágiles.
Tal vez su mayor problema sea la perspectiva ya que, como espectadores españoles, los inevitables tópicos sobre el país tanto en el ámbito musical ("Granada" de Isaac Albéniz y "Entre dos aguas" de Paco de Lucía suenan recurrentemente a lo largo de toda la cinta) como en los demás aspectos "typical spanish" (el "latin lover" encarnado por Bardem, el poco creíble personaje del padre de este o la arquetípica mujer mediterránea interpretada por Penélope Cruz) pueden llegar a rechinar ligeramente sobre todo durante la primera mitad de la película.
Pero es precisamente este alejamiento de las ataduras morales y estilísticas de su país de origen el verdadero descubrimiento de "Vicky Cristina Barcelona": Woody Allen juega a acercarse a Almodóvar, Bigas Luna o Ventura Pons, y sin perder un ápice de su personalidad consigue una perfecta conjunción del estilo neoyorkino con el atrevimiento mediterráneo haciendo gala de una libertad creativa pocas veces vista en el realizador.
Woody Allen sigue siendo un turista de lujo, un voyeur privilegiado que dá rienda suelta a sus fantasías, miedos y obsesiones a través de sus protagonistas y nos deja conocerle un poco mejor con cada película que nos regala. Sus intereses permanecen centrados en una alta burgesía, dá igual que sea londinense, neoyorkina o catalana, cuyas inquietudes pasan por el arte, la gastronomía, la arquitectura, la música, una eterna búsqueda de la belleza que también aparece reflejada en la permanente insatisfacción que soportan sus protagonistas, siempre a la deriva buscando esa belleza ideal que puede aparecer en forma de una pintura expresiva, una canción emotiva, una sugerente fotografía o una noche inolvidable.
Como en casi todas sus películas, las actrices se llevan la película de calle. En esta ocasión son dos de ellas, Penélope Cruz y Rebecca Hall, quienes se adueñan de la función pasando por encima de unos correctos Javier Bardem y Scarlett Johansson y que junto a la hermosísimamente retratada Barcelona (cortesía de nuestro Javier Aguirresarobe), constituyen el verdadero trío protagonista de la cinta.
El guión, como no podía ser de otra forma, es una pequeña joya en la que con la excusa de la visita de unas turistas norteamericanas a Barcelona y valiéndose de certeros e inteligentes diálogos Woody Allen diserta sobre las diferencias culturales entre Estados Unidos y Europa, reflexiona sobre la naturaleza y la validez de las relaciones amorosas al uso, enfrenta la practicidad de la estabilidad sentimental contra la idealización del amor imposible y sobre todo ensalza el valor del disfrute del instante presente y el aprovechamiento de lo que la vida nos ofrece en cada momento, representado esto último en ese crisol de sensaciones, vivencias y estímulos que es Barcelona.
A Woody Allen parece que la distancia con su querida Mahattan no le sienta tan mal. Nunca antes se nos mostró con tal libertad creativa y audacia en sus planteamientos como en esta aventura española, y si bien la película no sea tan redonda como nos tiene acostumbrados bien merece la pena su visionado, aunque sólo sea por disfrutar de un director en plena madurez creativa pero que rebosa juventud en sus ideas y que hace gala de una lucidez, una inteligencia y una exquisitez poco habituales en el cine de hoy.
Nota: 7,5
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