viernes, 16 de enero de 2009

Estreno DVD: "Tropic Thunder" (Ben Stiller, 2008)

Ben Stiller es un caso curioso dentro de la acomodaticia industria norteamericana del cine: Tras triunfar con un patético pero divertidísimo personaje en la desmadrada "Algo pasa con Mary" los productores de Hollywood se apresuraron en contratarle para repetir hasta la saciedad el mismo papel de desgraciado con buen corazón en diversos proyectos con mucha menos mala leche y muchísima menos gracia, caso de las infumables "...Y entonces llegó ella", "Duplex", "Strasky y Hutch", "Noche en el museo" o "Más que amigos", por poner algunos ejemplos, tratando de repetir la exitosa fórmula de los hermanos Farrelly.

Por otro lado, la carrera de Ben Stiller como director y actor ocasional en proyectos más comprometidos está plagada de títulos más interesantes repletos de humor ácido, guiones inteligentes y un agudo sentido crítico, lo que les ha otorgado la categoría de cintas de culto en diversos círculos, casos de la estupenda "Zoolander", la oscurísima "The cable guy", o sus colaboraciones con otros directores como en "Los Tenenbaums", "Amigos y vecinos" o "Tenacious D in the pick of destiny".


"Trophic Thunder" pertenece, sin duda, a esta segunda categoría, y en ella podemos encontrar todas las señas de identidad del Ben Stiller cineasta: una despiadada y divertidísima crítica a la industria de Hollywood y su maquinaria para rodar las grandes producciones, una acertadísima parodia de sus grandes estrellas, humor irreverente y una capacidad intelectual bastante superior a la mayoría de sus colegas hollywoodienses que recurrentemente entregan comedias sin gracia alguna semana sí y semana también.

Como en anteriores ocasiones, el director se rodea de un apabullante elenco de amigos/estrellas de Hollywood sin reparos a la hora de autoparodiarse o reírse de la industria que los ha encumbrado. Especialmente descacharrantes resultan las interpretaciones de Tom Cruise y Robert Downey Jr. recreando, respectivamente, a un obeso y alopécico representante de actores sin escrúpulo alguno y a un multioscarizado y obsesionado con el método actor/estrella de Hollywood.

Pocos son los objetivos que no se dedica a atacar un desmelenado Ben Stiller: el cine bélico y sus eternos tópicos, las películas sobre disminuídos psíquicos y los actores que los encarnan (genial el repaso que en un momento dado hace el personaje interpretado por Robert Downey Jr.), el negocio de la representación de actores y la falta de escrúpulos de sus responsables, las entregas de premios, los directores noveles a los que los megaproyectos de Hollywood les quedan demasiado grandes...

Hay diálogos y escenas antológicas a lo largo del metraje, buenos ejemplos de ello a cargo de los mencionados Cruise (ese baile que se marca junto a su ayudante frente a Matthew Mc Conaughey), o Robert Downey Jr. (El repaso a las películas sobre disminuidos psíquicos y su teoría sobre los premios recibidos por sus intérpretes, el misticismo de saldo que exhibe en casi cada una de sus frases, la absurda operación a la que es sometido para cambiar la pigmentación de su piel como metáfora del actor poseido por el método....), además de Nick Nolte (el héroe de turno falsamente encumbrado) o Jack Black (parodiando al prototípico actor de moda adicto a todo).

Curiosamente, la película, hecha desde el mismo sistema contra el que embiste, ha tenido una gran acogida por parte de la crítica e incluso ha sido nominada para varios premios de la industria, cosa por otra parte digna de agradecimiento. Sería, cuanto menos, curioso que ganara alguno.



Nota: 7,5

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Estreno: "Ultimátum a la Tierra" (Scott Derrickson, 2008)

Sirva este discretísimo remake de la estupenda "The day the Earth stood still" del gran Robert Wise como ejemplo de la falta de ideas y creatividad que acusa el Hollywood actual, publicitada a bombo y platillo como la gran película de las Navidades pero que no pasa de ser un telefilme de lujo con buenos efectos especiales y rodada con menos pasión que un anuncio de teletienda.

La kilométrica distancia que separa este mediocre intento de taquillazo con la extraordinaria "La guerra de los mundos" de Spielberg o con su primera versión del año 1951 es directamente proporcional a la decepción que uno siente viendo cómo Hollywood es capaz de venderse a sí mismo a costa de hacer caja, renunciando a cualquier atisbo de originalidad, talento o vergüenza.

La actuación de Keanu Reeves, impasible, incapaz de mostrar emoción alguna y limitándose a caminar de un lado para otro y a leer sus líneas de guión, es una magnífica metáfora de la ilusión y pasión aportadas por los responsables del proyecto, más ocupados en hacer números con sus bancos que en preocuparse por entregar un remake digno, o en molestarse en crear algo original.


En cuanto a los otros protagonistas, Jennifer Connelly se limita a poner cara de preocupación durante todo el metraje, mientras que Jaden Smith, el hijo de Will Smith y que ya debutara con su padre en la curiosa "En busca de la felicidad", encarna a un repelente niño de los que a uno le hacen replantearse la Ley de Maltrato Infantil. Kahty Bates y John Cleese son meras anécdotas introducidas para tratar de aportar algo de prestigio en tamaño desaguisado.

De lo poco salvable de la cinta habría que destacar el aterrizaje de la esfera, la escena en el búnker tratando de descrifrar a GORT y los efectos especiales, en particular los que recrean el material del que GORT está compuesto. Respecto al contenido crítico de la cinta, este brilla por su ausencia: el supuesto contenido ecologista-humanista queda diluido en el aparatoso continente hasta el punto que al final a uno le dá igual si exterminan a la raza humana o no, con tal de que ocurra algo en la aburrida trama.

Es curioso que un director prometedor como Scott Derrickson, responsable de la notable "El exorcismo de Emily Rose", se haya declarado fan de la cinta original de Robert Wise y haya tratado de llevarla de nuevo a la pantalla desde 1993; visto el resultado la película parece más fruto de un encargo que un proyecto personal y guiado por la pasión. Una pena.




Nota: 3,5

martes, 9 de diciembre de 2008

Estreno: "La boda de Rachel" (Jonathan Demme, 2008)

El irregular pero siempre interesante Jonathan Demme acoge en esta ocasión parte de los postulados del cine Dogma para regalarnos una estimulante y refrescante variante del género del "cine de bodas", con la vista puesta en filmes como "Celebration" de Thomas Vinterberg o "Un día de boda" de Robert Altman, más que en la lamentable saga de "El padre de la novia" (versión Steve Martin, por supuesto) o en bodrios como "La boda de mi novia".

El director de la extraordinaria "El silencio de los corderos" se propone rodar su propio video doméstico del acontecimiento y usando los mínimos medios y siempre cámara en mano nos introduce en el complicado ecosistema que constituye la disfuncional y singular familia que protagoniza el enlace a lo largo de los dos días que dura la celebración.

Un magnífico plantel de actores poco conocidos, con una estupenda y sorprendente Anne Hathaway a la cabeza, es el principal atractivo de una cinta que aborda con crudeza pero también con simpatía los trapos sucios de una familia con un oscuro pasado, en la que nadie es tan culpable ni tan inocente como pueda parecer en un principio.

La recuperación de la siempre excelente Debra Winger es otro de los alicientes de esta singular película en la que la hija del gran Sidney Lumet, Jenny Lumet, debuta como guionista tras una corta carrera como actriz.

Este retrato de la clase alta bohemia norteamericana flaquea en el desarrollo de alguno de sus personajes, no detallado con la suficiente profundidad, y que puede llegar a confundir respecto a su verdadero papel en la historia. A cambio nos regala una fascinante disección del destino de esos "hijos del amor" de mayo del 68, ahora convenientemente acomodados y enfrentados a los problemas familiares que, tal vez, nunca se plantearon afrontar. La cinta respira libertad, cultura y espíritu hippie por cada uno de sus poros, y las continuas referencias y subrayados musicales (algunas veces consiguen llegar a hartarnos) nos sirven como valiosos apuntes para el dibujo de muchos los personajes principales.

Escenas tiernas que rozan lo cursi se entremezclan con otras duras y desgarradas (estupenda la escena de la competición frente al lavavajillas), siendo la relación entre ambas hermanas, las excelentes Anne Hathaway y Rosemarie DeWitt, el motor que mueve esta turbulenta historia.

Muy adecuadamente ambientada, desde la decoración de la casa familiar con ese toque entre oriental y psicodélico, hasta las contínuas referencias musicales (desde Neil Young hasta el folcklore palestino) y ese aire entre dramático y despreocupado de los protagonistas confieren a la cinta un sabor especial, haciendo de "La boda de Rachel" una cinta diferente a lo habitual, colorista, multicultural y optimista a pesar de la dura historia que cuenta.

Jonathan Demme acierta en su cambio de dirección tras la mediocre "El mensajero del miedo" y se acopla sin problemas al cine más indie, volviendo la vista atrás hacia sus prometedores inicios con "Casada con todos" o "Algo salvaje", declarando su amor por la música como ya hiciera en "Stop making sense" de los Talking Heads o en sus grabaciones para Bruce Springsteen, New Order, Pretenders o Neil Young, y sobre todo demostrando una juventud y una buena salud cinematográfica fuera de toda duda.


Nota: 7

domingo, 23 de noviembre de 2008

Estreno: "Quantum of Solace" (Marc Foster, 2008)

La saga Bond está de enhorabuena. Tras la estupenda "Casino Royale" del "reincidente" Martin Campbell, su continuación está a la altura de lo esperado y nos descubre a un Marc Foster bien desenvuelto en el género de acción.

El punto de partida de esta entrega nº 22 es precisamente el punto en el que lo dejaba la anterior "Casino Royale", y será precisamente el afán de venganza del protagonista el motor que mueva la trepidante trama, en la que apenas hay momentos de respiro y que coloca el listón muy alto a posteriores entregas.

Los más puristas tendrán argumentos más que sobrados para criticar el nuevo rumbo que ha tomado la saga: este nuevo Bond es más rudo, más violento, menos mujeriego y tiene menos sentido del humor; además, "M" es una mujer. A cambio, la acción y la elegancia pasan a un primerísimo plano, se olvidan las frases lapidarias o los escarceos que en anteriores entregas no hacían sino entorpecer la trama y se va directo al grano, lo cual, desde mi punto de vista, es muy de agradecer.

La oportuna actualización del personaje es responsabilidad en parte del gran guionista Paul Haggis, quien en colaboración con Neal Purvis y Robert Wade (paradójicamente, responsables también de las últimas entregas con Pierce Brosnan "Muere otro día" y "El mundo no es suficiente" en las que la fórmula parecía ya agotada, así como de la deleznable "Johnny English") firma un guión complejo, ágil e incluso ingenioso, pero a su vez adolece de cierta ingenuidad en su afán de crear una política ficción de entidad, especialmente en sus teorías de la conspiración con respecto a la implicación de la CIA en los regímenes totalitarios sudamericanos, así como en el oportunista y trasnochado mensaje ecologista-libertador de los protagonistas.

Mathieu Almaric, el protagonista de la excelente "Finales de agosto, principios de septiembre" y de la extraordinaria "Munich" de Spielberg, parece haberse hecho ya un importante hueco en Hollywood, dando aquí vida al inquietante villano de turno, un ser cruel y lleno de complejos encarnado con suficiente solvencia y con la discreta presencia que requiere el personaje. Respecto a "nuestro" Fernando Guillén Cuervo, anunciado a bombo y platillo como "el malo de la película", apenas se deja ver en un par de secuencias.

Esta nueva etapa está también marcada por una reducción en el número de "chicas Bond" por entrega, limitándose a prácticamente dos en esta "Quantum of solace", la ucraniana Olga Kurylenko y la británica Gemma Arterton. La reducción en la cantidad de papeles femeninos viene acompañada por un mayor peso de los mismos en la historia, y si bien en "Casino Royale" la presencia de Eva Green era uno de los catalizadores de los acontecimientos, en este caso el papel de Olga Kurylenko, motivado al igual que Bond por su deseo de venganza, será fundamental en el desenlace de la cinta.

Marc Foster ha sabido crear un espectáculo entretenidísimo, trepidante y con cierta dimensión; a pesar de crear cierta confusión en las escenas de acción abusando de la cámara en mano y el montaje precipitado, en conjunto la película es divertida, plásticamente espectacular y coherente (a pesar de todo) con el resto de la saga.

Daniel Craig es, para quien escribe, el mejor Bond desde Sean Connery y tiene no pocos puntos en común con él. Dureza, crueldad, frialdad y elegancia se dan por igual manera en ambos y a partir de ahí ya es una cuestión de gustos. Timothy Dalton también reunía estas cualidades, pero su menor presencia y la mala suerte de haber aparecido en el momento más bajo de la saga jugaron en su contra. Roger Moore y Pierce Brosnan aportaron unas mayores dosis de comicidad y socarronería al personaje pero terminaron por agotar su fórmula. Craig reune la suficiente presencia física y elegancia, a la vez que la necesaria brutalidad y aparente falta de escrúpulos que necesita el agente del MI-6 en sus inicios, no olvidemos que estas nuevas entregas tratan del Bond anterior al que todos conocemos.

Merece la pena destacar la secuencia en la Ópera de Viena, donde un magnífico montaje paralelo nos muestra una espectacular puesta en escena de "Tosca", de Puccini a la vez que nuestro protagonista "hace su trabajo". La persecución inicial por las calles de Siena, igualmente en montaje paralelo con la carrera del Palio en la Plaza del Campo, la escena de la caída desde el avión o el final en el hotel del desierto son también momentos que merecen ser contemplados en pantalla grande. Una extraordinaria aportación a una saga que goza de una segunda juventud. Falte le hacía.


Nota: 7

domingo, 9 de noviembre de 2008

Estreno: "Red de mentiras" (Ridley Scott, 2008)

Lejos quedan ya los días en los que un no tan joven director británico procedente de la televisión irrumpía en Hollywood con una trilogía de películas en lo que supuso uno de los debuts más espectaculares que se recuerdan. Tanto "Los duelistas", magnífica adaptación de un relato de Joseph Conrad, como "Alien, el octavo pasajero" y "Blade Runner", ambas obras de culto y cimas del género de la ciencia ficción, hacían presagiar lo mejor sobre el cineasta. Pero hasta aquí llegó la cosa.

Los siguientes filmes de Ridley Scott fueron desde la curiosa anécdota ("Legend") a lo convencional ("Black Rain" o "La sombra del testigo"), pasando por un sonoro éxito que más tuvo que ver con el mensaje de la cinta que con su calidad cinematográfica ("Telma & Luise") para acabar hundiéndose en la mediocridad más absoluta (La soporífera "1492" y las insultantes "Tormenta blanca" y "La teniente O´Neill").

Pero el 2000 fue el año de su resurrección. Hollywood volvió a creer en él a tenor del desmesurado éxito de su "Gladiator", un filme lleno de virtudes y defectos casi a partes iguales y que se alzó con el Oscar a la mejor película ese año. "Gladiator" marcó el comienzo de una nueva juventud para Scott, quien desde entonces ha contado con el beneplácito de la crítica y el público, convirtiéndose en uno de los directores más rentables de Hollywood durante la presente década.

Así, el Ridley Scott del siglo XXI se ha caracterizado por abordar cintas de acción con un resultado muy superior a la media de sus colegas, situándose en este sentido casi en un mano a mano con Michael Mann, así como por enfrentarse a otra serie de películas de corte más intimista ("Un buen año" o "Los impostores") y de las que ha conseguido salir más que airoso. Es en ese primer grupo de cintas, al que también pertenecerían sus "Black Hawk derribado", "American gangster" o la mencionada "Gladiator", donde cabría incluir esta "Red de mentiras", vibrante y entretenidísimo thriller rodado con un gran pulso y que constituye su cuarta colaboración con ese monstruo de la interpretación que es Russell Crowe.

La principal virtud de la cinta es hacer que 128 minutos pasen en apenas un suspiro, ya que Scott apenas deja que la trama se relaje y consigue que esa sensación de que "algo puede pasar en cualquier momento" sobrevuele a lo largo de toda el metraje. Las escenas de acción, como también ocurría en "Black Hawk derribado", cortan la respiración pero no consiguen distraernos de una trama compleja en la que atentados, conspiraciones, tramas ocultas y, sobre todo, verdades manipuladas dirigen una dura historia de supervivencia y amistad en mitad de la mayor guerra que se libra hoy en día, y acerca de la cual la película se muestra pesimista hasta el límite.

Tal vez sea el punto de vista el mayor lastre de la cinta, ya que sus tímidos intentos críticos con la intervención estadounidense en Irak se quedan en apenas una anécdota de escasa entidad, y lo que a priori podría parecer un filme contestatario se revela como un blockbuster de lujo dirigido al puro entretenimiento.

Crowe y Di Caprio están estupendos, el primero en un papel cómodo, similar al desarrollado en "Un buen año", pero con unas dosis de cinismo y socarronería añadidas que lo convierten en el contrapunto perfecto al resto de la dura y sangrienta historia. Di Caprio, en un papel que comparte no pocas similitudes con el de "Diamante de sangre", es quien lleva el peso dramático de la cinta, tarea que resuelve con absoluta solvencia y convicción hasta el punto de tener pocas escenas a lo largo de la película que no requieran caracterización.

Scott nos propone una descripción del enfrentamiento entre el pasado y el futuro en esta guerra que los dueños de los satélites, de los móviles e internet tratan infructuosamente de ganar a los primitivos, fanáticos y destecnologizados fundamentalistas musulmanes. El recurso de la vista desde el avión espía, que muchas veces a lo lago de la cinta nos ayuda a colocarnos en situación, es una valiosa metáfora de lo inútil que la tecnología resulta en una guerra de estas características.

Las influencias más inmediatas de la cinta pueden rastrearse en la magnifica "Munich", de Spielberg, así como en la entretenida pero ñoña "The Kingdom", de Peter Berg o en la mediocre pero inquietantemente visionaria "Estado de sitio" de Edward Zwick, aunque sobre todo es su "Black Hawk down" la que estilísticamente más podría identificarse con esta recreación de la "guerra de América contra el fanatismo".

En definitiva, un paso más de Ridley Scott hacia la excelencia comercial y bienhacer artesanal, a la vez que un paso más alejándose del estatus de "director de culto" que sus tres primeras y excelentes cintas le confirieron. Parece que su siguiente aventura le llevará por este mismo camino, una adaptación de la historia de Robin Hood de título "Nottingham" en la que el famoso arquero de Sherwood será interpretado por....¿adivinan quién?
Nota: 7

domingo, 12 de octubre de 2008

Estreno: "Quemar después de leer" (Joel y Ethan Coen, 2008)

Si hiciéramos un minucioso estudio de la prolífica y ejemplar filmografía de los hermanos Coen no nos quedaría más remedio que categorizar sus películas en "obras maestras", "cintas de culto" y "filmes menores". No es esta "Quemar después de leer" una de sus obras maestras (para quien suscribe serían sólo tres: "Muerte entre las flores", "Fargo" y "No es país para viejos"), pero seria complicado introducirla en cualquiera de las otras dos categorías, ya que si bien a priori la cinta parece una de sus obras menores, la vocación de película de culto que contiene la cinta es innegable.

Algo similar ocurrió con la extraordinaria "El gran Lebowski", tildada en su momento de frivolidad de los hermanos de Minneapolis y convertida con el tiempo en una obra a reivindicar dentro de lo mejor de su filmografía. Y es que ambas cintas comparten una peculiar iconografía a base de personajes estrafalarios, situaciones hilarantes, estética cercana al "cartoon" y un negrísimo sentido del humor, además de un excelente plantel de actores. Si en aquella "El gran Lebowski" eran Jeff Briges, John Turturro, Julianne Moore, Steve Buscemi y John Goodman los principales responsables del desternillante resultado de la cinta, en esta "Quemar después de leer" son Brad Pitt, John Malkovich, Tilda Swinton y sobe todo George Clooney y Frances McDormand quienes se encargan de hacernos creibles a los especímenes que pueblan el estupendo guión de los Coen.

Es "Quemar después de leer" un auténtico muestrario de la estupidez humana y sus consecuencias, y queda bien claro que para poder retratar a un estúpido de grado mayor hace falta un actor muy inteligente y con capacidad para reirse de sí mismo sin llegar a resultar ridículo, y es a eso precisamente a lo que juegan Pitt, McDormand, Malkovich y Clooney, creando unas caricaturas de sí mismos que pocos actores del Hollywood actual serían capaces de afrontar con un digno resultado.

Este puzle de historias perfectamente engarzadas contrapone la peligrosa y osada "estupidez intolerable" de la mayoría de los principales personajes de la cinta frente a la frialdad y manipulación que exhiben los dos "personajes inteligentes" de la cinta, encarnados por una excelente e inquietante Tilda Swinton y una correcta Elizabeth Marvel, hasta el punto de rozar el alegato misógino en diferentes momentos de la película en los que no cabe sino apiadarse de los lamentables personajes masculinos y sus respectivos destinos.

A pesar de ello, la reina de la función es esa magnífica actriz que es Frances McDormand cuyo personaje, haciendo gala de una superficialidad, audacia y falta de inteligencia llevados al extremo, es el motor de esta hilarante y sangrienta historia de malentendidos, casualidades, engaños y manipulación.
George Clooney, quien parece haberle cogido al gusto a trabajar con los Coen en esta su tercera colaboración, compone un patético personaje que estaría en las antípodas de lo que nos tiene acostumbrados, olvidándose de su etiqueta de maduro galán para dar vida a un ser atormentado, paranoico, mentiroso compulsivo, vicioso e irresponsable que se apropia de gran parte de los momentos más descacharrantes de la cinta.

La galería de secundarios es espectacular (Manolo el trabajador del gimnasio, los agentes de la CIA, el agregado cultural ruso, etc.) y responsable de los momentos más hilarantes de la película, y especialmente Brad Pitt, quien no tiene el más mínimo reparo en hacer de tonto supremo de la función, nos regala una de sus mas desternillantes caracterizaciones que junto con las de "Snatch", "Babel", "El club de la lucha" y "12 monos" estaría entre lo mejorcito del actor.

Tras el bajón de calidad que supusieron los primeros años de la presente década para los Coen, con filmes de inferior calidad a lo habitual como "The Ladykillers", "O Brother" o "Crueldad intolerable" parece que han remontado el vuelo, primero con la magistral "No es país para viejos" y después con esta estupenda, divertidísima y, quien sabe, posible obra de culto "Quemar después de leer". Esperemos que las múltiples cintas que ya tienen en preparación mantengan el nivel.



Nota: 7,5


lunes, 29 de septiembre de 2008

Estreno DVD: "John Rambo: Vuelta al infierno" (Sylvester Stallone, 2008)

De todas las sagas que triunfaron comercialmente en las últimas décadas del pasado siglo y que se empeñan en tener continuidad en el presente, tal vez sea la de "John Rambo" la que se haya visto beneficiada por una mayor honestidad y respeto al original. El rotundo fracaso artístico de la nueva trilogía de "Star Wars", el desconcertante espectáculo de un Indiana Jones muy metido en años o el insulso retorno de Supermán o Terminator hacían albergar pocas esperanzas (más bien ninguna) sobre el retorno de uno de los personajes que más dió que hablar en el cine de los años 80, y que con tres películas de muy discreta calidad había conseguido batir records de audiencia y expectación, dando pie a todo un icono cinematográfico imitado y referenciado hasta la extenuación.

Lo cierto es que tras un más que digno comienzo de saga con ese "Acorralado" de Ted Kotcheff basado en el libro "Primera Sangre" de David Morrell, la saga se fue a pique en términos de calidad, aunque todo lo contrario en términos de rentabilidad económica siendo su continuación, la deplorable "Rambo" de George Pan Cosmatos (y con James Cameron firmando el guión junto al propio Stallone) uno de los hitos comerciales del cine de la citada década. La inevitable segunda secuela, la peor aún "Rambo III" sólo conseguía perpetuar una fórmula agotada ya desde el primer fotograma de la anterior, ofreciendo un lamentable espectáculo que en su momento consiguió el dudoso honor de ser la película de la historia que más muertes mostraba en pantalla. Toda una joyita.

Con estos antecedentes no es extraño que el espectador con un mínimo de respeto y cariño por el cine se acercara con auténtico terror a este "Rambo IV", destinado a priori a batir records de lamentabilidad y pateticismo y a hacer suya la máxima de que "si segundas partes nunca fueron buenas ¿por qué llegar a hacer cuatro?".

Stallone dijo en una de las entrevistas promocionales de la cinta que lo que pretendiá con este regreso era hacer una película pacifista mostrando una nueva faceta del héroe. Nada más lejos de la realidad: el motor que mueve este "John Rambo" es precisamente ese primitivo instinto de destrucción de todo aquello que resulta odioso y desagradable. Y es que el Stallone director se empeña durante más de la mitad de la cinta en mostrarnos lo malos que pueden llegar a ser los malos, en este caso los militares Birmanos, para poder justificar esa sangría final, sádica como pocas veces se ha visto en pantalla, en la que el espectador sufre y disfruta a la vez viendo cómo los villanos son desmembrados, despedazados, reventados, acribillados, y todo ello filmado con una crudeza y una minuciosidad que hacen pensar que si Sly hubiera cogido las riendas de las dos anteriores entregas tal vez otro gallo hubiera cantado.

Y es que si bien el Stallone actor hace mucho que lo dijo todo (no hay que olvidar actuaciones memorables como la del primer "Rocky" o la de "Cop Land"), el Stallone director resulta un agradable descubrimiento a pesar de haber sido su primera (y discreta) "La cocina del infierno" su mayor hito hasta el momento en ese sentido. Stallone se muestra ágil y certero rodando escenas de acción, se atreve a homenajear al Coppola de "Apocalypse now" en alguno de los planos en el barco que surca el río, e incluso se suelta con algún que otro discreto plano secuencia que sube el listón fílmico de una historia que no dá para mucho más.

Pero el mayor "atractivo" de la cinta es mostrar la guerra tal y como es. Si Spielberg consiguió que nos sintiéramos como en mitad del desembarco de Normandía en esa obra maestra que es "Salvar al soldado Ryan", Stallone pretende hacer lo propio en una guerra de guerrillas en plena selva Birmana y con armamento moderno. Y vaya si lo consigue: el realismo de las escenas bélicas es sobrecogedor, pero a diferencia de la cinta de Spielberg aquí no hay historia que contar más allá de la mera anécdota sobre un rescate en la jungla que se convierte en la excusa para que Stallone se despache a gusto con todos sus enemigos.

Es este "John Rambo" un regreso que mejora una saga dificilmente empeorable, tan impactante visualmente como vacía ideologicamente, que nos descubre un Stallone director que realmente sabe mover la cámara y sorprendernos con su puesta en escena. Hasta el punto que ahora prepara un biopic sobe el escritor Edgar Allan Poe. ¿Será este su cambio de rumbo hasta convertirse en un nuevo David Lean? Apuesten.


Nota: 5